martes, 30 de mayo de 2017

«El reverso de la biopolítica» (*) de Éric Laurent


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

«El reverso de la biopolítica» (*) de Éric Laurent


Autor: Marco Antonio Loza Sanjinés


Introducción


Éric Laurent, renombrado psicoanalista, efectuó, entre 2014 y 2015, unas “lecturas lacanianas” que presentó en la École de la Cause freudienne, esta serie de lecciones fueron transcritas y establecidas para conformar ese no-todo que es un libro.

La lectura lacaniana que efectúa Laurent, está basada en la última enseñanza de Jacques Lacan, aquella en la que predomina el parlêtre, lalengua, el sinthome, pero sobre todo es una reflexión sobre el cuerpo o, más bien, sobre el síntoma como “acontecimiento del cuerpo” y su relación con el goce.

Una biopolítica


La reflexión sobre la biopolítica seguramente se encuentra tempranamente en Hannah Arendt y su “vita activa”, pero es con Michel Foucault que alcanza su argumentación más decisiva. Los griegos tenían dos significantes para “vida”:  zoé, que significaba el simple hecho de vivir, común a los animales, a los hombres y a los dioses; y bíos, que significaba la manera de vivir de una persona o de un grupo de personas.

Siguiendo los rumbos trazados por Foucault, seguimos a una vida (bíos) atravesada por una política, por un orden que es una ratio económica: una “asignación óptima de recursos escasos a fines alternativos, lo cual es la definición más general del objeto del análisis económico tal como lo planteó, a grandes rasgos, la escuela neoclásica” (1) y su extensión hacia toda conducta considerada racional, ya que un razonamiento formal acaso “¿no es —se pregunta Foucault—una conducta económica en el sentido que acabamos de definir […] dado que un razonamiento formal consiste en disponer de cierta cantidad de recursos que son escasos?” (2), con tales recursos se construye un sistema simbólico, un juego de axiomas y una serie de reglas de construcción.

Foucault se refiere a esa superposición entre la política, el derecho y la vida, esta transposición es lo que llamamos modernidad o, siguiendo a Gilles Lipovestky, hipermodernidad, ya que como dice Roberto Esposito “sólo la modernidad hace de la autoconservación del individuo el presupuesto de las restantes categorías políticas, desde la de soberanía hasta la de libertad.” (3). La autoconservación del individuo, caracterizado por pertenecer a una “población” y poseer una “conducta económica”, deberá ser definido como una conducta racional, como un comportamiento racional. He ahí la Bioplítica, cuyo reverso es el Psicoanálisis.

La anulación del ser-hablante


La biopolítica foucaultiana se encuentra como fondo de la lectura de Éric Laurent, de ahí el título que presta la representación —siempre movediza—unitaria del texto, aunque más (o menos) que “fondo” se halla como “reverso”, aludiendo al título de uno de los seminarios de Lacan: El reverso del psicoanálisis, en el que se presentan los cuatro discursos con los que Lacan quiso ordenar la estructura social, teniendo presente el discurso del psicoanálisis. El reverso de la biopolítica sería reencontrar al parlêtre, al ser-hablante, tan oculto tras la imagen de un cuerpo (elevado al lugar de todo lo deseable), en su imaginaria unidad.

Esta ocultación, tan presente en la racionalidad moderna, puede ejemplificarse con un Witz, contado por Jacques-Alain Miller, en el contexto de un seminario sobre Estructura, Desarrollo e Historia, en Bogotá el año 1998, hablando de la queja del paciente, dice que también el médico —al igual que el psicoanalista— escucha quejas, pero luego pide que el sujeto se calle y pasa a interrogar el cuerpo con la ayuda de algunos instrumentos, por ejemplo, un tomógrafo:

“Con el tomógrafo se termina la palabra; es una pura lectura automática del cuerpo mudo. El cuerpo no es mudo, es el sujeto el que debe callar. Cuando el aparato lee su cuerpo, usted no tiene nada que decir. Últimamente escuché que, no sé en qué país, habían olvidado al paciente en el tomógrafo por veintisiete horas…, ¡un poco de descuido! Es decir, hay un saber en el cuerpo, hay un aparato para leerlo y el sujeto que habla, el ser hablante, está realmente anulado por esta operación, a tal punto que, una vez que se hace la lectura, se olvida totalmente, como un cadáver, al ser hablante.” (4)

Al encuentro del parlêtre


La imagen del cuerpo, elevada al pedestal que presta el narcisismo actual, se rige según ideales preestablecidos por las fórmulas de belleza, por aquellas que prescriben el cuidado del cuerpo y el alejamiento de “pensamientos negativos”, toda clase de “sabidurías” están al alcance del Smartphone, lo que buscan estas “sabidurías-bío”, como las llama Laurent, es el emparejamiento del cuerpo-máquina con el cuerpo-imagen.

Se presenta, entonces, la urgencia de redefinir las relaciones entre el “sujeto” o “ser-hablante” y el “cuerpo”, el psicoanálisis se encuentra en el reverso del paralogismo consistente en identificar al ser-hablante con su organismo biológico, donde el neuroesencialismo (5) se ha denominado así mismo, como paradigma de las nuevas “ciencias del hombre”, planteando sin ambages que “nuestro cerebro nos hacer ser como somos”.

Hay algo que ninguno de los representantes del neuroesencialismo, puede localizar: la experiencia del goce. En el psicoanálisis el Goce toma otro sentido que el que se le atribuye cotidianamente, es común que el goce represente la bienaventuranza, el júbilo o la alegría. Goce no es un término trabajado por Freud, así que no hizo de él un concepto, en cambio Jacques Lacan encuentra que palabra y goce son contemporáneos, se delimitan mutuamente, uno es condición del otro, hay goce en el ser-hablante porque habla y habla porque hay un sentido gozado. El goce es el exceso de placer que se torna intolerable para el sujeto, pero no hay goce sin cuerpo, el “acontecimiento del cuerpo” es ese goce como tensión extrema, causa de dolor y de sufrimiento.

Laurent nos recuerda que Jacques Lacan subraya la división entre el sujeto y su imagen (cuerpo), y que hace del narcisismo el elemento central de la relación del sujeto con la forma del cuerpo (imagen), el goce es algo que siempre se escapa del cuerpo como inscripción, por eso la adoración de la forma del cuerpo surge en el ser-hablante como sueño de consistencia, la “idea de sí” es esa búsqueda que se transforma en consistencia, pero “mental”, no corporal.

Tener un cuerpo, desde el psicoanálisis, es experimentar un goce (no hay goce sin cuerpo), pero que no tiene un correlato subjetivo, porque sabemos que el sujeto se produce como un agujero, se inscribe —siempre provisoriamente— entre dos significantes.

Eric Laurent, puede decir:

El psicoanálisis desde Lacan propone que “Entre el cuerpo como conjunto vacío y la adoración de la imagen que lo hace desaparecer como falsa consistencia, puede depositarse un saber sobre el traumatismo del goce. No es una representación. Permite orientarse en relación al síntoma y mantenerse a distancia de las ilusiones de la identificación del ser hablante con el organismo.”

Esta es una forma de afrontar la masificación imperante frente a la “gestión óptima” de los vivientes tomados como “población” y como “consumidores”, guiando nuestros modos de gozar, el Psicoanálisis, desde Lacan, propone la “inquietud de sí”, la singularidad del goce del parlêtre.

Notas:


(*) Éric Laurent. El reverso de la biopolítica. Una escritura para el goce. Trad. Enric Berenguer. (Buenos Aires: Grama Ediciones, 2016)
(1) Michel Foucault. Nacimiento de la biopolítica. Trad. Horacio Pons. (Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica, 2010). Pág. 307
(2) Ibídem.
(3) Roberto Esposito. Bíos. Biopolítica y filosofía. Trad. Cario R. Molinari Maroito. (Buenos Aires: Amorrortu, 2006). Pág. 17
(4) Jacques-Alain Miller. Seminarios en Caracas y Bogotá. Trad. Juan Luis Delmont-Mauri y Julieta Sucre. (Buenos Aires: Paidós, 2015). Pág. 311
(5) Término que Éric Laurent toma de Forest, D. Neuroescepticisme. Ithaque, París, 2014, en el que se dice: “¿Qué debemos pensar del neuroesencialismo, o sea, la idea de que nuestro cerebro nos hace ser lo que somos?”

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