domingo, 3 de septiembre de 2017

Escritura de Dios y voz degollada. El libro de Oscar Rivera-Rodas


















 

 

 

 

 

 

Escritura de Dios y voz degollada. El libro de Oscar Rivera-Rodas

 

Autor: Marco Antonio Loza Sanjinés


Introducción


Oscar Rivera-Rodas (La Paz, 1942) fue profesor universitario de la Universidad Mayor de San Andrés de La Paz Bolivia, en las cátedras de Teoría Literaria y Literatura Latinoamericana, ha publicado, junto con sus ensayos literarios, libros de poesía, actualmente es profesor de Literatura Latinoamericana en la Universidad de Tennessee.

Sus libros de poesía: Dársena del tiempo y Testimonio de la ausencia (que ganó el premio boliviano “Franz Tamayo” de poesía en 1967) para nosotros permanecen en el misterio, en cambio, algunos de sus ensayos literarios siempre estuvieron a nuestro alcance. Recordamos su hasta ahora —para nosotros— mejor trabajo ensayístico: Cinco momentos de la lírica hispanoamericana. Subtitulada como: Historia literaria de un género (1), en el que hace un recorrido brillante de la poesía hispanoamericana, que él divide en cinco momentos. 

Elije, para caracterizar cada uno de los cinco momentos, la visión del mundo que constituye una perspectiva común en los autores estudiados. El primer momento sería el de la “Poesía de Enunciación” en el que estudia, entre otros, a José Martí, en el que se juega su visión subjetiva. El segundo momento es el de la “Poesía de Revelación”, fundada en una visión objetiva, estudia entre otros a Rubén Darío y a Amado Nervo. El tercer momento es el de la “Poesía de Sugestión”, que comienza su estudio de una corriente más larga, la del Modernismo, la poesía de Sugestión presenta una visión fragmentada del mundo, en el que cada fragmento es una realidad nueva. El cuarto momento es de la “Poesía de Disociación”, en el que el poeta se niega a conocer el mundo, es una agnosis voluntaria del mundo, del hombre y de sí mismo, en el que el paradigma es la obra de César Vallejo. El quinto momento es la “Poesía de Identificación”, es el retorno del largo viaje de la poesía para “asentarse, agotada, en un medio con sólidos asideros”, se reconoce en su identidad, entre los poetas de este momento están el chileno Pablo Neruda, el boliviano Oscar Cerruto y el mexicano Octavio Paz.

Como sostiene Luis H. Antezana en sus Ensayos y lecturas (2), a la cosmovisión hay que añadirle el estilo en la manera de leer que tiene Rivera-Rodas, la literatura así operaría como un modo de conocimiento. “La manera como el poeta articula sus palabras implica un cierto estilo que es, en cuanto a su contenido, una cierta cosmovisión.” (Antezana, Ibídem).

La escritura como imposición


Este breve recorrido por uno de sus principales libros nos sirve para distinguir el modo de lectura que Rivera-Rodas emplea en el libro que ahora nos ocupa. En: “Escritura de dios y voz degollada” (3), también busca la visión de mundo y el estilo con el que se inauguran las letras en América; la oposición: Voz y Letra le sirve para recorrer ambos dominios.

La voz de los habitantes originarios del mal llamado “nuevo mundo”, inaudible para los españoles, se enfrenta con la(s) Escritura(s) que imponen los extranjeros, la Voz es degollada, mientras que la escritura se escribe con sangre sobre el cuerpo de los vencidos (4), sintomáticamente en el de Atahuallpa.

Rivera-Rodas rastrea este «choque», entre la Voz y la Escritura (recogiendo también su sentido religioso), en tres textos que forman el origen de las letras americanas: Ynstruçion (1570) de Diego de Castro Titu Cussi Yupangui; La nueva corónica y buen gobierno (1615) de Guamán Poma de Ayala y los Comentarios reales que contiene dos partes, una de 1609 y otra de 1617, del Inca Garcilaso de la Vega.

La historia que narran estos textos es bien conocida. Francisco Pizarro se entrevista con Atahuallpa, acompañado de un séquito compuesto de soldados, un intérprete y el clérigo Valverde, después de hablar y sin llegar a entenderse, interviene Valverde mostrando y dándole a Atahuallpa una biblia, al no obtener la reverencia a la “palabra de dios”, comienza la matanza y el apresamiento del Inca.
Los tres textos, sin embargo, tienen tenues diferencias que serán las bases de la investigación que realiza Rivera-Rodas, pues: “No discutiré el grado de objetividad de los sucesos narrados, sino la forma como esos hechos son expresados. Tampoco discutiré la historicidad de los sucesos, sino el modo como la percepción y comprensión indígena los ha fijado por primera vez en la escritura. Las tres versiones son básicamente reflexiones sobre el lenguaje y la historia, y su recepción a través de la escritura y la lectura.” (Pág. 59)

La lectura de Rivera-Rodas, parte pues de entrever la cosmovisión de los autores de los tres textos mencionados y del estilo que utilizan.

Oralidad y escritura


Hay algo que está presente en los tres testimonios que narran el encuentro entre los españoles y los incas, a la descripción asombrada de los extranjeros (la barba rubia o castaña, sus ropas que cubren todo el cuerpo, los grandes animales sobre los que cabalgan, el dominio del rayo o del arcabuz), añaden el del lenguaje escrito:

En Titu Cussi Yupangui: “Y también los llamaban ansí, porque les habían visto hablar a solas en unos paños blancos como una persona hablaba con otra, y esto por el lleer en libros y cartas […]”
También Poma de Ayala: “Y que de día y de noche hablaban cada uno con sus papeles —quilca— […]” (5)

Recordemos aquí, que cuando el clérigo Valverde exhorta a Atahuallpa a que se convierta al cristianismo mostrándole una biblia, éste le contesta que el único dios es el Sol y tomando el libro intenta oírlo y al no escuchar nada lo lanza al suelo, es decir, dicho sea de paso, no muestra ningún temor frente a los españoles y su escritura.
 
Vemos pues, claramente el choque entre la escritura y la oralidad, que Rivera-Rodas denomina “tradiciones lingüísticas”: la cristiana, con su “estimación supersticiosa” de las escrituras sagradas, y la indígena, fundada en la tradición oral, que carecía de “especulaciones en la comunicación pragmática”. Rivera-Rodas se detiene luego, en el análisis de ambas “tradiciones”: la tradición de la escritura, traída por los españoles y la tradición oral, la de los pueblos originarios del continente.

Fiel a su formación literaria, Rivera-Rodas, analiza la escritura europea por medio de dos figuras retóricas, que denomina “armas retóricas”: ars praedicandi y ars dictaminis (aunque no profundiza demasiado en su análisis). Los españoles llegaron con dos actores que consuman la invasión: los guerreros y los retóricos, éstos últimos son los clérigos que, como Valverde, fueron formados en las artes retóricas del medioevo europeo.

En cambio, la tradición oral de los pueblos originarios de América, se perdió para siempre, simbólicamente, con la degollación y muerte de Atahuallpa, “[…] que significa también la aniquilación del sujeto del discurso indígena. Degollado el sujeto enunciador, su enunciado —su discurso oral— ingresaba también en un estado de agonía. Su voz mutilada se extinguirá inevitablemente. Quedaron ciertamente en el espacio simbólico indígena algunos ecos precarios de ese discurso que provocó más tarde esfuerzos inútiles de recuperación.” (Pág. 74). Lo que implica su nula o casi inútil averiguación, no tendremos nunca más acceso a la tradición oral de los pueblos que poblaron el continente americano, lo oral, con el degollamiento de la Voz (sobre la Voz como causa objeto de deseo Cf. La Voz como...) de Atahuallpa se transformó en lo imposible de nombrar.

Las trampas de la escritura


Como sostiene Nathan Wachtel (6), un sistema de dominación, como la española con su tradición escrita, obliga al dominando a adoptar alguno o muchos rasgos de la cultura dominante, sin embargo, las culturas no se componen de capas superpuestas, sino que son hechos globales, los indígenas mantuvieron un grave conflicto para ordenarlos en un todo coherente. Frente a este grado de aculturación, Wachtel se pregunta: los indios más aculturados “¿cómo responden al problema de la dominación española?; ¿su aculturación traduce una adhesión incondicionada, una aprobación de la situación colonial?” (7).

Los indios más aculturados son pues los que escriben, los que adoptan la retórica de los invasores, pero, como señala Rivera-Rodas, lo hacen para “disentir y desistir”, es el caso del Inca Garcilaso, que utiliza la “letra advenediza” para criticarla lingüísticamente. “La historia del aprendizaje de la lengua advenediza fue sobre todo un aprendizaje de la misma según la historia de la violencia y desigualdad vivida.” (Pág. 178)

Sintomáticamente, los primeros textos de las “letras americanas”, que aparecen a mediados del siglo XVI, no son novelas, ni poemas, ni comedias, sino manifiestos, demandas, escritos de protesta, cada autor examinaba la nueva sociedad, así su escritura enfilará hacia un pensamiento crítico que será el sello de las letras americanas, “[…] comunicar a través del testimonio escrito lo que se hizo oralmente, desde los inicios del coloniaje: asumir la disidencia.” (Pág. 178). Uno de los primeros textos que muestra este rumbo es el de Felipe Guaman Puma de Ayala (1535 - ¿1615?), hacia 1600 escribe “una carta al rey”, protestando por el maltrato dado por las autoridades eclesiásticas y administrativas hacia los “indios ladinos” porque habían aprendido la lengua española y habían comenzado a protestar en la lengua de los extranjeros.

El conjunto de cartas, manifiestos y crónicas que aparecen de la mano de los primeros escritores de américa, son la representación del triunfo de la escritura sobre lo oral, se renueva así el degollamiento de Atahuallpa, al mismo tiempo, representan la aprehensión y la posesión definitiva de la escritura de los pueblos originarios de este continente.


Los niveles del relato de los Comentarios reales del Inca Garcilaso


Los primeros escritores americanos pusieron la escritura al servicio de la historiografía, su interés era intentar pensar el pasado indígena desde su presente colonial, intentaron recuperar el discurso de la tradición oral desde un “ahora no deseado de destrucción e incertidumbre desde el cual poco se podía escribir de la tradición propia.” Esta nueva forma de ver la escritura, desde una tradición oral, hizo que los primeros intelectuales de América, construyeran sus intereses desde la perspectiva de “la vida moral y natural”. Así, los Comentarios Reales del Inca Garcilaso narran la historia de los gobernantes incas en la forma de una acción moral continuada; de la misma manera Guaman Poma de Ayala en su Nueva corónica y buen gobierno no busca una relación empírica de los hechos históricos del incario, sino una visión moral de ésta.

Para encontrar esta estructura narrativa, Rivera-Rodas, se detiene en dos niveles estructurales de la obra de Garcilaso, primero, en un relato a dos niveles interiores (el nivel del cronista y el relato del tío de su madre), segundo, el nivel externo de los comentarios del narrador, que correspondería a un nivel meta-narrativo, ya que comenta el relato que hace. Un ejemplo de este nivel narrativo es su negación a dar crédito al discurso teológico del primer inca, Manco Capac, ni de los que le sucederán, Garcilaso se da a la tarea de deconstruirlo, lo que hace que se lo vea como un convencido de la “imaginación cristiana”, que Rivera-Rodas ve como la causa de las contradicciones y conflictos que se proyectan en su texto.

Rivera-Rodas, describe esta estructura externa, a su vez, en dos niveles: “La deconstrucción del mito incaico” y “El concepto ético de la Historia”. En el primero, frente al “discurso del sol”, que es el mito del origen de Manco Capac, Garcilaso nos ofrece su propia versión que tiene un carácter ambiguo, pues ni contradice ni acepta la tradición incaica que él mismo había construido, este es el “nivel del metarelato”, Garcilaso dice:

“Lo que yo, conforme a lo que vi de la condición y naturaleza de aquellas gentes, puedo conjeturar del origen de este príncipe Manco Inca —que sus vasallos, por sus grandezas, llamaron Manco Capac— es que debió ser algún indio de buen entendimiento, prudencia y consejo y que alcanzó bien la mucha simplicidad de aquellas naciones y vio la necesidad que tenían de doctrina y enseñanza para la vida natural. Y con astucia y sagacidad, para ser estimado, fingió aquella fábula diciendo que él y su mujer eran hijos del sol: que venían del cielo y que su padre los enviaba para que doctrinasen e hiciesen bien a aquellas gentes (II, 77)” (8). Y, sin embargo, en el nivel del relato Garcilaso registrará puntualmente el “discurso del sol”, que no implica una contradicción, sino mantener el nivel del narrador y mantener al autor como comentarista, de ahí que a su obra la tituló: Comentarios reales.

El segundo nivel de la narración, el de “El concepto ético de la Historia”, Garcilaso construye al personaje de su historia, se trata del “rey de los incas”, un ejemplo de conducta moral, modelo que deberán seguir los demás Incas, todo lo cual Rivera-Rodas reúne en un “discurso teológico original y arquetípico”, que marcará la forma en que se presentarán, más tarde, en el texto de Garcilaso las doce dinastías del Capa Inca. Garcilaso llama a estos Incas, continuadores de Manco Capac, “amadores de pobres”, haciendo de ellos el ejemplo de un comportamiento moral, del mismo modo, es un modo, concluye Rivera-Rodas, de experimentar la extinción de su cultura, “[l]a conciencia histórica del escritor indígena está marcada por la desaparición de sus tradiciones y su cultura” (Pág. 198)

El deseo de «indianización» de Guaman Poma de Ayala


Si en lo obra de Garcilaso, hay un deseo de “«incanizar» la conquista”, en la obra de Guaman Poma de Ayala, Nueva corónica y buen gobierno, existe el deseo de “«indianizar» a los cristianos para superar la corrupción social en el coloniaje.” Guaman Poma va, en la historia, más atrás que Garcilaso, él quiere encontrar la prehistoria de los incas. De la obra de Guaman Poma se ha escrito mucho, de diversas maneras, desde diversas perspectivas (existen dos versiones de su obra), nos concentraremos aquí, comentario al fin, en lo que nos parece lo nuevo en la lectura que realiza Rivera-Rodas.

Acudiendo a figuras bíblicas, Guaman propone una prehistoria de los Incas, que Rivera-Rodas lee como ideología, pero que Guaman define: “[p]ara Guaman Poma el enunciado lingüístico doctrinario no puede estar separado del comportamiento individual y la acción social del mismo individuo” (Pág. 206), lo que lo equipara a las posiciones actuales de filósofos como Jurgen Habermas y su pragmática del lenguaje. En Guaman Poma, los cristianos no parecen seguir la ideología que, mediante el arte de la predicación (ars praedicanti) trajeron en su conquista, por eso a los indios no la aceptaban, pues los actos de habla de la predicación eran enunciados vacíos, aquí se presenta la obra de Guaman como la de indianizar a los cristianos, pues, aquí Rivera-Rodas enumera dos resultados:

“a) La vedad estaba con los indígenas, aunque éstos fueran llamados «bárbaros», porque su comportamiento fue de respeto a sus propias concepciones y éticas; por el contrario, esa misma no se percibía en los españoles.
“b) que no puede ser la doctrina cristiana paradigma de la perfección, ni es necesario ser cristiano para ser ejemplar.” (Pág. 206)

Guaman enfrentaba los conceptos de verdad y falsedad bajo los presupuestos de la ideología del coloniaje, de ahí que se hacía necesaria la recuperación del pasado y por tanto del pensamiento indígena, Guaman Poma de Ayala, al igual que Garcilaso, no tenía más camino que la historiografía en lengua castellana.

Notas


(1). Oscar Rivera-Rodas. Cinco momentos de la lírica hispanoamericana. Historia literaria de un género. (La Paz: Instituto Boliviano de Cultura, 1978)
(2). Luis H. Antezana. La obra critica de Oscar Rivera-Rodas. En: Ensayos y lecturas. (La Paz: Ediciones Altiplano, 1980), págs. 129-143)
(3). Óscar Rivera-Rodas. Escritura de dios y voz degollada. Orígenes de las letras americanas. (La Paz: Plural Editores, 2016). Todas las citas entre comillas pertenecen a esta edición.
(4). “En nuestra memoria colectiva, la aventura de los conquistadores evoca imágenes de triunfo, de riqueza y de gloria, y aparece como una epopeya. La historiografía occidental asocia el «descubrimiento de América» a los conceptos de «Renacimiento» y de «tiempos modernos»; la expedición de Cristóbal Colón coincide con el comienzo de una nueva era. Pero se trata de una era nueva para Europa. Desde la perspectiva de los indios vencidos, conquista significa un final: la ruina de sus civilizaciones. Para «descubrir» realmente América, el historiador nacido en la sociedad de los vencedores debe despojarse de sus hábitos mentales y, en cierto modo, salirse de sí mismo.” Nathan Wachtel. La visión des vaincus, traducido como: Los vencidos. Los indios del Perú frente a la conquista española (1530-1570). Trad. Antonio Escohotado. (Madrid: Alianza Editorial, 1976)
(5). Tomado de Nathan Wachtel, ob. cit. Págs. 48-49
(6). Wachtel. ob. cit. Pág. 213 y ss.
(7). Wachtel, ob. Cit. Pág. 242
(8). Guaman Pomo de Ayala. Citado por Rivera-Rodas, pág. 195

domingo, 13 de agosto de 2017

El oráculo y la otra virilidad. La otra escena en la novela de Cristina Peri Rossi: “La nave de los locos”
























 

El oráculo y la otra virilidad. La otra escena en la novela de Cristina Peri Rossi: “La nave de los locos”



 Autor: Marco Antonio Loza Sanjinés




“Dios está dormido
y en sueños balbucea.
Somos las palabras de ese Dios
confuso
que en eterna soledad
habla para sí mismo”

Cristina Peri Rossi


El largo sueño de X


Equis es el protagonista de la hermosa novela de Cristina Peri Rossi: La nave de los locos (1). Equis, cuenta un sueño al final de la novela, ese sueño es, al mismo tiempo, la justificación y el motivo sobre el que gira toda la novela, es su “comienzo inicial” (2), es el que cierra y comienza toda la novela.

El sueño, contado por el mismo Equis, es este:

«[…] Hay un sueño que se repite, opresivo, recurrente. En el sueño un viejo rey, enamorado de su hija (y su hija eres tú, apareces en el sueño como la hija deseada por el rey que no se atreve a llamarla por su nombre, pero equivoca el de sus esposas y concubinas) propone una adivinanza a los pretendientes. Yo tengo que resolver el acertijo si quiero ser digno de la hija del rey. El enigma dice: ¿Cuál es el tributo mayor, el homenaje que un hombre puede hacer a la mujer que ama?

En el sueño Equis no logra dar la respuesta, lo averiguará después y este es el viaje que realiza toda la novela, no por nada en la mayoría de los títulos de los capítulos en que está dividida la novela se encuentra presente el sintagma: “El viaje”.

Los viajes de Equis


El sueño o la ensoñación siempre es un largo o corto viaje, y el contenido del sueño siempre tiene que ver con el cumplimiento de un deseo, ahora bien, qué sea un deseo es algo que debe ser aclarado, no es un querer algo por más loco que sea, sino siempre un vacío, algo inhallable, es la fractura de lo verdadero, su hiancia más radical. En la novela de Peri Rossi, este sueño (corto o largo viaje hacia el deseo) se encuentra en la división casi autónoma de los capítulos que la componen, se encuentra en una búsqueda de unidad que fracasa constantemente, por eso cada capítulo es un viaje, algo que comienza y termina, todo viaje, lo sabemos desde la Odisea, siempre es un viaje de regreso, “aunque después regresen del regreso” (3). Equis es el Ulises moderno que se encuentra en un “viaje incesante, la gran huida, la hipóstasis del viaje” (4).

Equis es un viajante desde hace nueve años, sus trabajos van desde enseñar “romanticismo alemán”, hasta barrer en los andenes del metro, Equis, ya se habrá notado, puede ser cualquier hombre, porque de eso sí, estamos seguros, Equis es un personaje perfectamente masculino y esto tiene una gran importancia en la novela.

Equis, es la «X», la letra que puede tomar cualquier valor, pero también la «x» de: “Extranjero, Ex. Extrañamiento. Fuera de las entrañas de la tierra.” Equis del huido, del exiliado, del expulsado. Es la «X» de “Quienes caminan hacia su hogar entre los muertos por la vasta carretera del mundo — Y así junto a un triste amigo, quizás un receloso enemigo, hacen el viaje más monótono y más largo” (5).

El viaje de Equis es un viaje cuasi iniciático, es un viaje forzado, de descubrimiento, ya que lo que encontrará no le será dado por la voluntad sino la del Otro. Equis no busca nada, sólo halla, no tiene un plan, no tiene un destino preciso, en la novela no existen referencias de algún lugar concreto, todos los lugares son el lugar, en todos ellos Equis es extranjero.

La mujer y su “pasado”


La nave de los locos, la “Estultifera Navis”, es ese lugar que Michel Foucault (6) sitúa su origen en los leprosarios, el lugar de la exclusión, el lugar de lo extraño, de los extranjeros, a quienes se teme y se los circunda con un círculo sagrado, figura que atesora el signo de la exclusión. 

El viaje de Equis lo lleva (es curioso que una de las acepciones de la palabra: “lleva”, tenga que ver, como nos lo dice el diccionario de María Moliner, con aquel “Escrito que acompaña a un envío o a una cosa que se transporta, con la relación de las cosas que se envían o llevan, generalmente por duplicado para que el que lo recibe firme uno de los ejemplares y lo devuelva al portador como garantía para el remitente.”) desde la ciudad de los hombres hacia el lugar de su exclusión, la nave de los locos lleva a Equis —pero él no lo sabe— hacia un descubrimiento imposible.

Este descubrir está revelado paso a paso por la escritura de Peri Rossi, cada capítulo lo/nos acerca a la solución de la pregunta capital: ¿cómo un hombre se relaciona con una mujer?, todo comienza en el Capítulo III cuando Equis descubre que “el hombre es el pasado de la mujer”, y este primer hallazgo se encuentra en la escena de una película, que Equis mira una y otra vez (encadenado como algún hombre a lo escópico), en la que Julie Christie, tal como en la conquista de Leda por el cisne, es sometida por la “cosmogónica deflagración del orgasmo macho, especialmente de los hombres tontos y ciegos, incapaces de oponerse a la máquina y su furor”.

Allí, en ese cine, Equis, mientras observa una y otra vez el funcionamiento de la “máquina fálica”, va cambiando las imágenes del pésimo filme de Danniels, por la figura de Julie Christie, a quien imagina susurrando: “el hombre es el pasado de la mujer, un pasado tosco, anterior a la conciencia, deplorable, como todos los pasados”. Si el hombre es el pasado de la mujer, entonces el futuro del hombre es …

Equis: Los hombres y las mujeres


Los personajes que acompañan a Equis, también son extranjeros, exiliados, está Vercingetorix, que es un justo exiliado político, está un tal Morris, enamorado de un niño de nueve años, precisamente como lo estaría el Piloto del Principito, están Eva, Graciela y Lucía, las mujeres que representan, para Equis, a Julie Christie, pero también está ese personaje que ha estado en la Luna y que no se acostumbra a vivir en la Tierra, el ex astronauta Gordon. Todos están sometidos a la tiranía de la expulsión, viajeros de la “Nave de los locos”.

Eva, tiene un capítulo para ella sola, el fragmento de sus Confesiones brilla por su ironía y su humor, cualidades que transmite a todo el programa narrativo de Peri Rossi:

Inscrita, desde que nací, en los conjuros tribales de la segunda naturaleza, igual que los iniciados, experimento la imposibilidad de escapar a las ceremonias transmitidas por los brujos a través de los años, de palabras y de imágenes; luego de someterme a los ritos y a las convenciones, a los juegos, a las danzas y a los sacrificios, no puedo retroceder. El castigo, para la iniciada que huye, es el desprecio, la soledad, la locura o la muerte. Sólo resta permanecer en el templo, en la casa de los dioses severos, colaborar en la extensión de los mitos que sostiene la organización y el espíritu de la tribu, sus ideas dominantes y ocultar para siempre los conflictos que esta sujeción plantea. Cuando experimente una cierta repugnancia ante el gesto ritual, es posible ir a llorar al bosque o realizar abluciones matinales en el río.

En la novela de Peri Rossi, los personajes, hombres y mujeres están siempre en tránsito, siempre expulsados,  desterrados de las imágenes que cotidianamente se nos presenta de los hombres y las mujeres, los viajantes dudan de sus papeles, se enamoran de verdad con el saber que encierra el otro, desaparecen, como ocurre con Vercingetorix que, sin preparar su viaje, ni despedirse de sus amigos, se marchó acompañado de siete hombres que le cubrieron los ojos con una manta, le hubiera gustado, sin embargo, despedirse del vendedor de diarios “que le susurraba nombres de caballos en las carreras de los sábados”.

Las mujeres, en la novela de Peri Rossi, se muestran como exiliadas del mundo, tal como se encuentran representadas en: “El tapiz de la creación”, que Peri Rossi desmenuza con cruel detenimiento en los intervalos de la novela (nave-la), que describe la “inferioridad” de la mujer frente a la “superioridad” del hombre. Si Eva fue creada como el suplemento de Adán, el personaje Eva de la novela escapa de esa fatalidad, es una mujer “inteligente y sensual” alguien que “-no emplearía jamás una palabra que no sonara bien. Por eso vive sola […]” y por eso los hombres no la entenderían nunca. Además, Eva, tiene un hijo, Percival, tan agudo, claro y tenaz como el Principito de Saint-Exupéry, conocemos más de Eva a través de él.



El oráculo y el tapiz


Hay un leitmotiv, una melodía, que es la que otorga vigor a la novela: “El Tapiz de la Creación”, que Cristina Peri Rossi interpreta eruditamente a lo largo de toda la novela. El mencionado tapiz, que se encuentra en la catedral de Gerona, muestra el momento de la creación, es la explicación gráfica de la relación desigual entre un hombre y una mujer, “[e]n el tapiz, como en ciertos cuadros se podría vivir, si se tuviera la suficiente perseverancia”, se muestra allí la armonía con la que se relaciona la vida del hombre, el mundo-vida y el sistema-mundo están a su disposición, Adán, desde su puesto privilegiado, va nombrando las cosas y a los animales de este mundo (y quizá del otro), hay un rasgo que admira el narrador omnisciente en la novela: la geometría del tapiz, esa proporción tan exacta “que aun habiendo desaparecido casi su mitad, es posible reconstruir el todo, si no en el muro de la catedral, sí en el bastidor de la mente”, este “bastidor de la mente” que es la “X” (Equis) donde cualquier hombre y cualquier mujer debe encontrar el valor, que será la suya.

Pero, esa geometría en realidad es desigual, pues Adán está presente con una gran figura, mientras que la figura de Eva, diminuta, apenas sale de una de sus costillas, esta inferioridad de Eva respecto de Adán en el tapiz tiene una doble función, por un lado, funciona como metáfora universal; por otro, es la hipótesis reparadora y comprensible del mundo-vivible.

El Tapiz de la Creación descubre —como en el sueño platónico (7)— en una realidad previa un saber que el «hombre» (8) inventa. 

“La nave de los locos”, escapa a este discurso ordenador del mundo-vida, haciéndose cargo del residuo que queda del molino de las palabras de ese saber inventado por el «hombre» y que El Tapiz de la Creación hace de él una gráfica, una geometría, donde la ciencia no estaría lejos de este invento. La novela, por el contrario, opone, no un Cuarto Propio como proponía la brillante Virginia Wolf, sino la palabra oracular, puesto que “[e]l oráculo, como modo de decir, ante todo consiste en no dar explicaciones. Explicar es desplegar y el oráculo es algo plegado…”, pues “la palabra que se explica está condenada a la chatura” (9), en cambio la palabra oracular es el surgimiento nuevo de la verdad, no una nueva verdad. La novela oracular de Peri Rossi, nos abre a lo lúdico, a esos juegos de la lengua que hacen signo, que no revelan ni esconden, que no dicen ni se callan.

La solución del enigma


El enigma mayor reza:

“¿Cuál es el tributo mayor, el homenaje que un hombre puede hacer a la mujer que ama?”.

Este enigma es “mayor”, porque pone en cuestión precisamente aquello que no existe, aquella relación siempre fallida entre un hombre y una mujer, si no hay manera de encontrar aquello con lo que un hombre rinda un homenaje a una mujer, ¿cómo se sostiene la pregunta?, se sostiene como enigma, es decir, no es en realidad una pregunta sino una adivinanza y, como en todo acertijo, la respuesta se encuentra en la misma frase que enuncia la falsa pregunta.

Un hombre que ama sólo puede ser uno que al hacerlo se feminiza, aquel que reconoce su falta, por tanto, aquel que ofrece “¡Su virilidad!”.

En el Tapiz de la Creación: “Faltan enero, noviembre, diciembre y, por lo menos, dos ríos del paraíso”

Notas


(1) Cristina Peri Rossi. La nave de los locos. (Barcelona: Seix Barral, 1984). Todas las citas entre comillas han sido tomadas de esta primera edición.

(2) Siguiendo al Heidegger de: Sobre el comienzo. Trad. Dina V. Picotti C. (Buenos Aires: Editorial Biblos, 2007)

(3) También puede existir un arrepentimiento del regreso y así: “Todos regresan al país aunque después regresen del regreso”, frase de “Recuerdos Olvidados” de Mario Benedetti, citado en: Eduardo Mitre. Las puertas del regreso. (La Paz: Plural Editores, 2016). Pág. 113

(4) “En cuanto a los nombres, Equis piensa que en general son irrelevantes, igual que el sexo, aunque en ambos casos, hay gente que se esfuerza por merecerlos. Una vez se entretuvo haciendo una lista de nombres posible para él. Ulises era adecuado para destacar la condición de viajero, pero sus resonancias literarias lo determinaban demasiado.” En un homenaje a Rayuela de Cortázar, habría escogido Horacio, pero era imposible dado el supremo papel de aquella novela.

(5) E. M. Forster. El viaje más largo. Citado como epígrafe en: Jaakko Hintikka El viaje filosófico más largo. De Aristóteles a Virginia Woolf. (Barcelona: Editorial Gedisa, 1998)

(6) Michel Foucault. Historia de la locura en la época clásica. Trad. Juan José Utrilla. (Colombia: Fondo Cultura Económica, 1998)

(7) La relación de Platón y el mito de la caverna funcionan de la misma manera que El tapiz de la Creación de Gerona, en cuanto muestran un sistema-mundo enteramente varonil. Cf. Luce Irigaray. Espéculo de la otra mujer. Trad. Raúl Sánchez Cedillo. (Madrid: Ediciones Akal; 2007)

(8) Esta palabra “hombre” tan genérico como problemático que encierra, junto con el lenguaje y el discurso que lo actualiza, otro Tapiz de la Creación:

“Me pasaba, terminé por comprender, con ese artículo, lo mismo que me ocurre con las novelas, lo mismo que nos pasa a las mujeres cuando escribimos cualquier cosa, como no sean fórmulas matemáticas. Nos pasan, por lo menos, dos cosas.

“Primera: que el lenguaje nos impide ser sujetos universales, representativos de lo humano. Si nos situamos en el punto de vista de un hombre, estaremos reforzando el statu quo (el monopolio masculino de la condición de sujeto universal) y nos arriesgamos además a que nos vean como impostoras. (Lo cual no les sucede a los hombres que se colocan en el punto de vista de una mujer, como luego mostraré). Si en cambio damos la voz, el protagonismo, a personajes femeninos, se considerará que hacemos, no literatura sin adjetivos: universal, aplicable a colectivos mixtos (los progres, por ejemplo), a toda la condición humana … sino «literatura de mujeres», o para decirlo con la frase completa que se suele emplear: «de mujeres, sobre mujeres, para mujeres».

“Segunda: que le lenguaje está empapado de ideología. El lenguaje habla solo, a través de la gramática (predominio del masculino sobre el femenino) y del léxico, y lo que dice, de mil maneras, es que las mujeres son inferiores, defectuosas y sobre todo, con perdón, putas (palabra esta de la que se conocen innumrables sinónimos, mientras que no existe una sola, que yo sepa, para designas con una connotación negativa al hombre que tiene muchas amantes.” Laura Freixas. La novela femenil y sus lectrices. (España: Servicio de Publicaciones de la Universidad de Còrdoba, 2009). Pág. 28

(9) Jacques-Alain Miller. Un esfuerzo de poesía. Trad. Gerardo Arenas (Buenos Aires: Paidós, 2016)